Es importante hacer un corte de situación y tratar de entender donde estamos parados, principalmente para contribuir al proceso de toma de decisiones, las cuales en general dependerán de la percepción que se tenga sobre los tiempos y los eventos por venir. Tal vez conviene comenzar por separar la transición económica de la política.
Hay algunas señales, débiles aun, que podrían indicar que, presionados por las circunstancias, los cambios económicos, no puedan esperar por los cambios políticos. Las presiones son las sanciones del lado externo, y el deterioro acelerado de la situación interna, las cuales configuran un cuadro que ya no se puede atender solo con socialismo, y, más allá de los discursos, están forzando a una racionalidad económica nunca antes vista en revolución. En cuanto a las señales, se entiende que son débiles aun, porque hace falta que se mantengan en el tiempo, y que el ámbito político muestre disposición a influir lo menos posible en la economía. Esas señales podrían fortalecerse si desde el mismo gobierno confirmaran, directa o indirectamente, que nuestra lectura va por el camino correcto, y que vamos hacia un espacio de mercado en el cual la formación del precio de cualquier bien o servicio de la economía, sea independiente del concepto de subsidios, porque cuando se mezclan (que es lo que había ocurrido hasta hace poco) los controles distorsionan el sistema y se pierden las referencias.
Una de las señales débiles tiene que ver con el reabastecimiento que se está dando en los anaqueles de supermercados, aunque aun sea a precios extremadamente altos; la teoría dice que estos tenderán a bajar hasta hacerse accesibles a los bolsillos del mercado objetivo. Unos bajarán por política comercial frente a la competencia (poca pero aun presente), otros por adaptación de los envases y presentaciones (algunos tal vez muy lujosos para un país con alta pobreza), y los mas, por reconsideraciones sobre los márgenes de ganancia, los ajustes en costos y gastos, y en general por razonamientos resultantes de los procesos de innovación y revisión interna, que se están dando en todas las empresas del país. Y las que aun no lo estén haciendo, tienen que comenzar inmediatamente, pues ya estamos en situaciones inéditas que no pueden enfrentarse con enfoques tradicionales: si alguien está haciendo lo mismo de siempre, casi seguramente, se está equivocando.
Esta señal no sería relevante si al mismo tiempo no se hubiera liberalizado el tema de las mesas de cambio; en Venezuela, si el precio del dólar se forma en el mercado y en forma transparente, hay una probabilidad alta de que se traslade al resto de la economía, como si fuera una correa de transmisión. Y curiosamente, esas liberalidades, llevadas al campo de los servicios públicos, deberían lograr una revisión de la estructura estatutaria y patrimonial de empresas como CANTV y Corpoelec, para permitir la participación, abierta y transparente, de inversionistas y operadores privados, nacionales e internacionales. La única manera de rescatar la economía, está en el sector privado.
Así como la transición económica es necesaria para recuperar nuestra viabilidad como país, la transición política también lo es. No es razonable que estemos en una pugna permanente entre sectores que se pelean por el poder, arrastrando y destruyendo todo a su paso; y cada uno satisfecho porque le puede echar la culpa al otro. Insisto en que es un momento para el desprendimiento y la renunciación; de abrir caminos de tal manera que ninguno le pueda decir al otro “te gané”, más que nada porque hemos visto con pruebas irrefutables, que eso no pasará, que es una estrategia de juego trancado, una pulseada, en la cual ninguno logrará bajarle el brazo al otro.
Cuando me preguntan cómo termina esto, mi respuesta, es que “esto no termina, sino que se transforma”. Y así lo creo, aunque ninguno de los actores parece haberse dado cuenta aun. Hay como unas premisas (distorsionadas, creo yo) de que el otro se “evapora” y que el que gana se lleva todo:
- Si ganara el chavismo, tendríamos más de lo que ya hemos visto en estos años, pero sin nadie que proteste, y con aceptación mundial de la revolución, y convivencia con sus métodos y resultados
- Si ganara la oposición, entonces todo cambiaría para bien y todo el mundo (adentro y afuera) aceptaría sus propuestas, y nadie dentro del país podría oponerse
Sería bueno que consideraran la opción de que ninguno de esos escenarios se dé. Más que nada porque no es razonable pensar que si gana uno, el otro desaparece. Eso no es así…la vida no es así. Y depender solamente del apoyo externo, no solo no es realista, sino que le quita energía a las soluciones internas, que son las únicas que prevalecerán cuando los gobiernos democráticos de los países que hoy apoyan a J. Guaidó, hayan rotado, y ya no recibamos la atención, que de una forma o de otra, estamos recibiendo hoy. Son supuestos y expectativas divorciados de la realidad; que llevan naturalmente a estrategias y acciones condenadas a no prosperar.
Creo firmemente que la solución finalmente será interna y negociada, y que se alcanzará cuando el momento político sea el “perfecto”, cuando el chavismo necesite algo de la oposición, y que esta esté en capacidad de entregar (de hacer el delivery). La teoría dice que esas negociaciones ocurren para administrar el resultado de un colapso, y nunca antes, para evitar ese colapso. ¿Cuándo y de qué modo ocurrirá el colapso? pues bueno, cada día, haga o no haga la oposición, nos acercamos a mucha velocidad a ese punto, que uno no sabe muy bien a que se parecerá, pero poco a poco nos vamos haciendo a la idea de falta de energía, agua, transporte, telecomunicaciones, enfermedades, cosas que naturalmente suelen terminar en un colapso.
Cabe recordar que las sanciones americanas no están directamente relacionadas con nuestros problemas internos, sino con la relación entre el gobierno de Venezuela y los EEUU, y que el apoyo a la oposición se vincula principalmente con que esta última podría hacer que, estando en el gobierno, disminuya el nivel de amenaza que Venezuela significa para los EEUU. Desde el “regaño” de Trump a Bolton, el nivel de apoyo declarativo ha disminuido (aunque los senadores republicanos lo mantengan vivo) y hoy no están muy claros los siguientes pasos; si el plan original (que no conocemos pero sabemos que está) continúa, o si hay uno nuevo.
Cuando me preguntan cuándo termina esto, mi respuesta, es que “ni pronto, ni fácil”. Aun hay un camino complicado por recorrer, al final del cual, posiblemente ya no estén visibles los líderes, nacionales e internacionales, que hoy vemos, pues se habrá refrescado el tablero. Creo que el juego irá cambiando y, esta semana, más bien veo la transición más lejos que antes, pues aun no está claro el nivel de daño que causaron el 30A y lo de Noruega, tanto de cara a la relación con Trump, como de cara a la dirigencia opositora, y en menor medida a la base de apoyo que sigue creyendo en Guaidó, casi como en un mesías (tienen que cuidar ese activo).
Quisiera hacer un comentario sobre las elecciones en Argentina. El electorado elije a sus líderes, y no al revés. Creer que si un candidato hace una alianza con alguien, divorciado del pensamiento de sus electores, igual los puede contabilizar como propios, es no haber entendido la evolución política de la sociedad argentina. Hay un 70% de la sociedad que no quiere a C. Kirchner nuevamente en el gobierno, y eso no cambiará por mas alianzas que haga. Podrá aliarse con Massa, pero sus seguidores, más cerca de Macri o del peronismo federal, seguramente no lo seguirán, y algunos se irán con Macri, y otros con el PJ. La única fuente de crecimiento de Kirchner está en algún segmento del peronismo, que aun no está muy claro cuál es. Hay que decir que el piso del macrismo está en aproximadamente el 30%, sin hacer campaña, y con una situación económica muy mala, pero con una obra pública grande y exitosa.
Los días 11 y 22 de junio, ya sabremos como quedan los participantes y las alianzas, y recién a partir de allí se podrá comenzar a especular sobre resultados. Ya sabremos cuál es el juego y qué puede plantear cada uno, y, lo más importante, sabremos cuales son los “4 de copas”.
Social
Un indicador temprano de explosión social son los saqueos, pues significan que el hambre le está ganando al miedo, y cuando el miedo a saquear o protestar duro se pierdan, entonces el colapso social debe llegar…ya sea antes, ya sea después, del colapso de los servicios, que es hacia dónde nos dirigimos. Hay que tomar como referencia anticipada a lo que ocurre en Maracaibo, casi convertida en ciudad fantasma, donde ya se está perdiendo hasta la institucionalidad, la cual, los locales dicen, que hoy se apoya en el miedo…pero que cuando el miedo se pierda…
Hace tiempo que venimos tratando de identificar indicadores de pérdida de gobernabilidad sobre lo social, y hasta ahora ninguno nos ha servido por si solo; por ejemplo, el hecho de que los cuerpos de seguridad bajen sus niveles de represión, y hasta se unan a los manifestantes, pareciera ser uno a considerar como alerta temprana. Los casos de la liberación de L. López y de I. Simonovis, son dos ejemplos visibles de esa posibilidad. A medida que se complique la situación (porque todo indica que se complicará) debemos estar atentos a ese indicador.
Una persona con experiencia en los conflictos internos vividos en Centroamérica me decía que estábamos en un proceso conducente a guerra civil, que, aunque este pueblo pudiera parecer tranquilo y de buena gente, perfectamente, ante el estímulo adecuado, podría convertirse en violento. En fin, la situación a la que nos enfrentaremos en el futuro es totalmente novedosa y difícilmente predecible. No hay que olvidar que somos humanos, y que reaccionaremos como tales cuando nuestros elementos constitutivos básicos, se vean amenazados; y ya estamos cerca de que eso pueda ocurrir.
Política
El gobierno ha recuperado la iniciativa y hoy se lo percibe más firme en su posición. Asistió a Oslo como gobierno genuino, mientras que la oposición lo hizo desde la debilidad del no reconocimiento de su encargaduría, por parte del gobierno noruego.
Tanto las sanciones como des manejo gerencial del país, van profundizando una crisis que el gobierno re significa, explica y reacomoda a su conveniencia, mientras que la oposición no logra capitalizar a su favor. Es difícil de entender como con el deterioro que hay, no haya cambios a la vista en el sistema político y de manejo del poder.
Los tiempos inmediatos que se vienen serán difíciles de manejar por la dirigencia opositora, y difícil de digerir por la base de oposición, ante una arremetida política sin precedentes por parte del chavismo. Desde el encarcelamiento de mas opositores activos (que podría resultar aglutinante), hasta la convocatoria a elecciones anticipadas de la AN (que podría resultar en una debacle opositora). Hoy más que nunca hace falta una sala de situación realista que ponga todas las piezas en el tablero, que se ponga en los zapatos del chavismo, y que les diga lo que hay que decirles y no lo que quiere oír. Y que a partir de allí se desprenda una estrategia comunicacional que tal vez sea la única herramienta “dura” con la que pueda contar la oposición. La unidad opositora hoy está sostenida solo por la presencia, carisma y credibilidad de Juan Guaidó, el “chamo” sano, con buenos valores familiares, que se ganó el respaldo de media humanidad política…y eso, es de él, solo de él.
Económico
Cualquier consideración de planes económicos para el “día después”, los que ya están dando vueltas de cada partido y de cada centro de pensamiento (nosotros también tenemos uno), debe incluir, como premisas duras:
- La importancia de la reputación del país y sus instituciones,
- La brutal cantidad de pobres (que crece todos los días), que deben ser incorporados, y
- Las restricciones físicas de la infraestructura
En cuanto a la reputación creo que habría que incluir un statement que indique, como principio firme, que la república honrará sus deudas. Claro que cuando se vaya viendo una por una, algunas pasarán a la justicia, otras se negociarán en monto, tasa y tiempo, y algunas otras, se pagarán inmediata y totalmente. No podemos decir que seguiremos sin pagar las deudas, pues no es un principio auspicioso.
Cuando se habla de la pobreza, los planes, en realidad la consideran con el criterio de que seguirán siendo pobres. El enfoque debería incluir que por cada punto del PIB que se recupere, habría que bajar un cuarto de punto de pobreza. No negociable, duro y hasta constitucional.
El limitante de la infraestructura se entiende mejor con el ejemplo del crecimiento de la producción petrolera que no podrá exceder los 100 a 300 mil barriles diarios por año, y la respuesta a la pregunta de cuánta electricidad nueva hace falta para levantar cada punto del PIB.
Hay que concentrarse más en el mientras tanto que en el futuro, porque durará aun un tiempo largo y hay que tratar de que en el camino, no se pierda todo. El eslogan de la nueva etapa debería ser: 1) que no se cierre ni una empresa más en Venezuela y 2) que los empresarios se dediquen a sus empresas y no se conviertan en actores político partidista, porque de eso no saben, y que las dos opciones son incompatibles entre sí: deben elegir ser empresario o ser político, pero no las dos.
Las empresas que llegaron enteras a este momento ya demostraron una capacidad de adaptación y de vocación de éxito que ahora no deberían aflojar. Las oportunidades están y hay que buscarlas y actuar con criterio gerencial al momento de encontrarlas. El país, hoy más que nunca, necesita de empresarios responsables y comprometidos con su futuro. Y eso no necesariamente está asociado a banderas políticas, las cuales, cualquiera sea el resultado, no siempre protegen al empresario venezolano. Tenemos que velar por nuestros propios intereses y por nuestra supervivencia en el largo plazo.
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