Este tema de la transición pareciera que va a tomar más tiempo que el que se esperaba o proyectaba. Un mes atrás, Duque y Rubio decían que era cuestión de horas para que el gobierno saliera. También veían como muy posible la ruptura en la cadena de mando en la FANB, no para dar un golpe, sino para “ponerse del lado de la constitución”.
Quisiera repasar el contexto. El chavismo con su 30% de apoyo se sustenta en lo que hemos llamado la legalidad constituyente, en la cual se respalda el establishment de la revolución, la institucionalidad que hace que, mal que mal, todo medio funcione (?), y lo más importante, las instituciones que tienen las armas también se apoyan en ella. Esta institucionalidad reconoce a la AN, aunque la sigue considerando “en desacato”, y es como si no existiera.
Por su parte, la oposición, con su 70%, se sustenta en la legalidad de la AN, en el descontento de la gente, y en el abandono de la línea democrática, por parte del chavismo. Si las cosas funcionaran, posiblemente ni estaríamos hablando de estos temas. Pero la gente cada día vive peor, y sin esperanza. De hecho, la única esperanza está en las acciones de la nueva dirigencia opositora, la cual sigue sin comunicar adecuadamente al pueblo (esa gran masa de gente que seguía al chavismo y que ya no creen en él), cuál será la alternativa para vivir mejor. Hay comunicación hacia la clase media, pero sigue fallando la de las bases. Ellos deben poder saber a qué se parece lo que se les está proponiendo, y como serán beneficiados.
Para entender las relaciones causa-efecto, debemos remontarnos a la decisión de una parte del chavismo de bloquear de manera evidente, la realización del referéndum revocatorio, mediante unas demandas penales por parte de jueces locales. Ahí ya sabían que iban a tener que pagar un precio, porque no todo el chavismo estaba de acuerdo. De hecho el comentario era: vamos a medirnos y si hay que entregar, se entrega. Pero los que llevaban los números sabían que iban a perder, entonces bloquearon esa vía de descompresión política. Luego, decidieron redoblar la apuesta convocando una asamblea constituyente, en el límite de la legalidad (y muy cuestionada por cierto), pero en el máximo de la aplicación del poder, sabiendo que eso también iba a traer problemas en el futuro. Bueno, ese futuro ya llegó, y la legalidad constituyente es apoyada por cada vez menos fuerzas internas, tanto del chavismo, como de la oposición. Mientras gana espacios la legalidad de la AN (por cierto, ambas dicen estar dentro de la constitución), tanto dentro, como fuera del país.
En paralelo, gente como Lilian Tintori y Antonieta López, y luego Mitzi Capriles, emprendían giras mundiales compartiendo con el mundo lo que estaba ocurriendo. Cada una de ellas, tenía un doliente directo, pero en general, lo que hacían era mostrar una realidad país que empeoraba día a día. Y ese futuro, también llegó, pues de otra manera no habría la cantidad de gobiernos democráticos que están apoyando a la oposición, mientras que a la revolución la apoyan solo países, o bien sin democracia, como Cuba y China, o con democracias seriamente cuestionadas como Rusia, Turquía, Bolivia y Nicaragua. Está claro entonces, que se ha llegado a un punto en el que, adentro y afuera, se enfrentan la democracia contra la autocracia; la rotación versus la continuidad. Y debe ganar la democracia, pues es el sistema en el que realmente hay libertad de todo: economía, disenso y opinión, política y social. No hay manera de que la revolución, tal como están las cosas, tenga sustentabilidad. Podrá durar más o menos, pero no es sustentable. Y eso lo saben todos alrededor del núcleo duro del poder…excepto el núcleo duro, que se resiste a reconocerlo.
La gobernabilidad consiste en hacer que las líneas políticas y ejecutivas se cumplan sin necesidad de acciones especiales. La creación de las misiones, fue el reconocimiento de que el gobierno no podría lograr resultados por la vía institucional. Tal vez esto fue a propósito para eludir los mecanismos de control fiscal que proveía la democracia; o tal vez, fue ante la imposibilidad de que la revolución funcionara como una democracia. Hoy en día es evidente que se ha perdido el control en el campo petrolero, el eléctrico, el económico, las relaciones exteriores, la salud, la educación, y en general la capacidad de motivar a la gente para que se quede en el país. Ante la duda, la gente prefiere irse. Cuando se pierde la gobernabilidad se tiende a compensarla con violencia y represión: el que disiente es un traidor. De hecho esta última, es una palabra que cuando aparece en escena, es porque las cosas no andan bien.
El apagón de 22 horas del jueves en la tarde, que se está repitiendo el viernes, es tal vez el más largo de la historia eléctrica de la ciudad de Caracas, que en el pasado era el lugar que se recuperaba más rápido, en 3 o 4 horas. En el futuro, eso ya no será posible y cada vez será más difícil la recuperación.
Seguir asignándole la responsabilidad al sabotaje, hace que no se tome consciencia de los graves daños que hay que corregir. Es cierto que estamos en momentos políticos complejos e inéditos, por lo que no se puede descartar el sabotaje; pero al elegir una causa, y conociendo las vulnerabilidades, y tal vez la sobre exigencia con la visita de Maduro a la siderúrgica de Guayana, le daría mayor probabilidad a problemas intrínsecos del sistema, que a una mano externa.
Durante meses en mi columna diaria advertía que el talón de Aquiles de nuestra economía era el sector eléctrico. Sin eso no hay PIB, no hay petróleo, no hay comunicaciones, ni cadena de frio, ni terapia intensiva, ni quirófanos…ni luz…en definitiva, sin electricidad no hay nada (ni revolución decía Lenin).
Lo de las plantas auxiliares, en empresas y hogares, se planificó para periodos más cortos. Ya hoy, todas las que estén en uso deben haber agotado los inventarios de combustible, y para el siguiente estarán más vulnerables. Piensen que para producir combustible, también hace falta electricidad. ¿Qué hubiera pasado si en vez de 22 horas hubiera sido una semana sin luz? ¿Qué haríamos en ese caso? Es algo que aun puede pasar.
Los trabajadores de Corpoelec hacen un trabajo heroico, casi sin recursos, y con sueldos muy bajos. Pero lo heroico funciona un número limitado de veces; luego hace falta inversión y tecnología; y ninguna de las dos está disponible. Alguien tiene que asumir, inmediatamente, la responsabilidad por el rediseño del sistema eléctrico, preparar un plan de emergencia con “lo que hay”, y preparar unos pliegos de condiciones para hacer un llamado internacional para que las mejores empresas del mundo hagan sus ofertas para operar y mantener, los diferentes distritos eléctricos del país.
No podemos esperar a que nuestra conflictividad política termine, para recién entonces ocuparnos del tema. Hay que arrancar ya con los estudios, para que cuando salgamos de la inestabilidad, ya estemos listos para arrancar. El futuro ahí, también nos alcanzó.
Social
El largo apagón le demostró a la gente la vulnerabilidad en la que vive. Alimentos descongelándose, desinformación y aislamiento, falta de agua y de servicios. El primer pensamiento fue de miedo al no saber qué es lo que pasaba. Y cuando se escucha sabotaje, se piensa lo peor. Y cuando ya no se puede comunicar con nadie, entonces se encierra y espera. Los hijos que no logran comunicarse, los enfermos en los hospitales, los ancianos sin comida, los bebes en incubadora. Son muchas horas, mas de 20, y aun pueden ser más largos en el futuro.
A la salida del trabajo del jueves pasado, se cumplió lo de los walking dead al atardecer, caminando en la oscuridad, cansados, hombros caídos, rumbo al oeste, que les mencionaba hace más de un año. Ese futuro también llegó, y debería llamar la atención que estamos más cerca de las condiciones de colapso; tal vez sin violencia, porque si el pueblo hubiera querido violencia, ya hubo suficientes situaciones y motivos como para ejercerla. Es evidente que está dispuesto a pasar apagones de 48 horas sin quejarse. Lo cual no significa que en un determinado momento no un detonador que acelere los cambios.
Política
La nueva dirigencia opositora, encarnada hoy en Juan Guaidó, es la única que está produciendo actividad política relevante. Entre su avance sobre los “espacios imaginarios” y las sanciones americanas, y entre la cada vez más necesaria justificación, que tiene que hacer el gobierno, de porqué “no están tan mal las cosas”, se va configurando un ambiente de ataque-defensa, donde el chavismo pierde espacios, que le será difícil recuperar. Básicamente porque ya no se puede resignificar una realidad catastrófica, solo echándole la culpa al imperio. Ya es dar vueltas sobre un mismo eje, que no conduce a ningún lado, sino que nos deja en un mismo sitio, que se deteriora a pasos agigantados.
De todos modos, la política está desdibujada y solo son dos grandes manchas, una de cada lado, que no tienen forma definida, y que, se supone que una debe imponerse sobre la otra. Y eso no ocurrirá, pues ninguna tiene la fuerza para hacerlo. Va a haber que negociar, y eso va a tomar tiempo. Porque la otra opción, la militar que tanta gente pide, no garantiza un cambio inmediato. Simplemente significa abandonar la política y entrar en lo militar, territorio que conoce muy bien el ejército americano, y sabe que no puede dar garantía de resultados. Pudiera durar más tiempo que con la política, y con más altos niveles de destrucción y muerte asociados.
Económico
La logística es el nuevo tema crítico. Antes era teoría, ahora es realidad. Qué pasa cuando un rack de servidores se recalienta, o cuando miles de transacciones vía puntos de venta se suspenden, o cuando no puedes chequear tu saldo, o hacer pagos o transferencias. O cuando los inventarios congelados se descongelan; o cuando los trabajadores no pueden llegar por transporte o electricidad o ambos. O cuando los proveedores ya no pueden mantener la continuidad ni el ritmo de abastecimiento. Esa realidad llegó para quedarse por un tiempo largo. Iniciamos este informe con que la transición iba a ser relativamente más larga que lo esperado.
Nuestro horizonte sigue moviéndose entre seis y dieciocho meses, cuando, por la presión de las circunstancias y las fuerzas equivalente ente Guaidó y Maduro, se llegue a una negociación donde la transición contará con una proporción de 70 y 30%, respectivamente, que son, más o menos, los pesos duros y estables con que cuenta ahora cada uno.
Ese horizonte es importante por lo de las oportunidades de inversión, las cuales deben considerar ese tiempo, dentro de la valoración del activo empresarial que se vaya a adquirir. En ese plazo habrá momentos en los que parecerá que todo pudiera cambiar drásticamente, pero luego volverá al ritmo que el pueblo venezolano, como un todo, ha “decidido” darle a este periodo de tiempo, que es seguir aguantando hasta un momento, que no conocemos, ni el pueblo tampoco, en el cual todo cambie y las cosas se aceleren. En todos los ámbitos, hoy estamos ante una nueva “meseta” en la cual, hay un apagón de más de un día, y no hay reacción popular.
Las barreras a la entrada para la inversión, siguen relativamente bajas, así que este es el momento, bueno para el que vende y bueno para el que compra.
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